Vi madres llorando sin control nervioso,sus manos temblaban,incapaces de fijar la mirada porque no estaban...el alcohol les robó la voluntad,la capacidad de ser ellas mismas.Todas las noches se dormian haciendo al aire la misma promesa:No volveré a beber,ni una copa mas...por mis hijos,por mi marido,por mis padres a los que ya no les queda ni esperanza...miles de palabras que terminaban mojadas a las nueve de la mañana agotando la ultima gota de whiski de la botella que abrió una hora y media antes, se repetia que solo seria una mientras despertaba a sus hijos,les preparaba el desayuno para acompañarlos al colegio.Pero no,ese dia tampoco fue asi...tampoco desayunaron;lo que quedaba de su madre apenas empezando el dia reposaba en el suelo del baño manchado de sangre por el golpe...golpe que ni siquiera sintió.
Aprendí de hombres furiosos y dolidos,destrozados,sin ilusion,sin alegria...si nada,todo se reducia al interior de una botella siempre medio vacia,nunca medio llena.Con la ayuda de un viejo ventilador en esas noches de verano pude comprobar como su aliento y su sudor olian a alcohol podrido;en su mirada tristeza y en su corazón un único deseo:Fuerza para mantenerse sobrio solo durante veinticuatro horas...sin discusiones,sin gritos,sin el llanto de su familia...sin mirar tras el puto cristal de la maldita botella siempre abierta.Perdido puestos de trabajo,perdido el respeto de todos y por todo...perdidas las ganas de vivir reconocian en voz alta que "con dos copas se convertian en el capitán trueno y a la quinta en la abeja maya"...(ya tenian que andar a cuatro patas porque no podian mantener el equilibrio y tumbarse en el suelo de cualquier calle de la ciudad era la opción mas segura)...lo compartían conmigo como si al expresarlo algo dejara de quemarles en su interior,como si vomitaran su miseria para convertirlas en perdón hacia ellos mismos através de un interminable camino de propósitos que nunca serian mas que éso...propósitos.
Los recuerdo y los admiro...los amo y quisiera que durmieran tranquilo durante esas veinticuatro horas sobre mi pecho...no pueden con el cansancio que provoca el dolor que se siente cuando sabes que ya perdistes la dignidad...pero allí estaban,pareciendo ruinas debastadas, con un corazón limpio que no se resignaba a ahogar la última gota de esperanza...a ellos valientes guerreros,gracias...gracias por demostrarme como se lucha contra el demonio que todos llevamos dentro.
L.G.A.
Pero qué bien escribes!!!
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